El principal problema de AMLO es que le falta un tornillo: el tornillo de la ética.
Ayer, mientras denunciaba frente al Senado que “la actual oligarquía se ha enriquecido en los últimos 20 años traficando influencias al amparo del poder público”, su hijo llegó para aplaudirlo calzando tenis fabricados por la exclusiva marca Louis Vuitton, que cuestan 870 dólares.